En el universo del maquillaje, las reglas ya no están escritas en piedra. Hoy conviven en perfecta armonía quienes adoran la sofisticación de un acabado ultra pulido y quienes buscan la ligereza más absoluta. No hay elecciones correctas o incorrectas, pero es verdad que en esta búsqueda constante de sentirse cómoda en tu propia piel, llega una corriente fascinante que aplicamos en todo lo que hacemos en Saigu: el Sensory-First.
Es una evolución en la forma de entender la cosmética que sitúa el placer táctil y la textura reconfortante al mismo nivel del resultado visual. Ahora ya no elegimos un producto solo por el tono, sino por lo que nos hace sentir en la piel durante los primeros tres segundos de aplicación. Es la reconexión con el tacto, la búsqueda de fórmulas que actúen como un abrazo para la piel y que sean tan fáciles de aplicar que podrías hacerlo hasta con los ojos cerrados.

El maquillaje de todos los días también debe ser un ritual de cuidado
En pleno verano, con el termómetro rozando máximos, la sal y el sol en la piel, lo último que apetece es una capa pesada de maquillaje que nos moleste. Buscamos ligereza, pero, sobre todo, buscamos texturas que se fundan y que regalen un placer casi terapéutico al deslizarse.
La tendencia sensory-first responde a una necesidad que en Saigu vimos muy clara desde el principio. No se trata de ocultar quiénes somos ni de camuflar el paso del tiempo con el maquillaje; se trata de escuchar las necesidades que de verdad tiene la piel a cualquier edad. Por eso nuestras fórmulas siempre buscan devolver esa jugosidad y luz natural con productos intuitivos, fáciles de aplicar, con los dedos o con brochas. En un semáforo que está en rojo, caminando por la calle o en el ascensor. Sin complicaciones de ningún tipo y sabiendo que el resultado en la piel va a ser espectacular.

El bálsamo: el rey absoluto del sensory first
Si hay un producto que personifica este movimiento es sin duda el bálsamo hidratante Efecto Brillo, y más en verano. Un producto que se aplica casi sin pensar y que se retoca con la yema de los dedos en mitad de la playa o en una terraza al atardecer, sin necesidad de espejos de por medio ni un pulso de cirujano.

Entra en contacto con la piel y se transforma instantáneamente en un velo translúcido y ultra jugoso que sacia la sed de los labios deshidratados por el sol.
Busca el efecto "labio recién mordido", una jugosidad sofisticada, viva y rebosante de salud que realza el bronceado al momento. Es el brillo del agua bajo el sol de julio, pero encapsulado en un formato que puedes llevar en el bolsillo del capazo.

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