Contemplar cómo la mirada se ‘entristece’ con el paso de los años no es fácil de aceptar; pero un toque de maquillaje puede ayudarnos a recuperar parte de su alegría perdida
Cuando me miro en el espejo, siento que mi mirada cuenta una historia diferente a la de hace unos años.
No se trata solo de las patas de gallo, que puedo contemplar con cierto cariño, como testigos de risas y momentos vividos. Lo que de verdad me incomoda es algo más profundo: esa ligera sombra de ‘tristeza’ que parece haberse instalado en mis ojos.
Dicen que los ojos son el reflejo del alma, pero también espejo del tiempo. Quienes hemos superado los 50, sabemos bien lo que significa que nuestra mirada haya perdido ‘chispa’ y parte de esa vitalidad que posiblemente aún sigamos sintiendo por dentro.
Una difícil vuelta atrás, al menos que se quiera pasar por el quirófano (no es mi caso), que no siempre trae los resultados deseados. Puede quitar años a la mirada, pero también la expresión que tuvo antaño.
Mi mirada ya no es lo que era
La biología dicta las reglas del juego. Con la edad, la estructura del rostro cambia, y nuestra mirada se transforma. Esta zona es una de las primeras en mostrar signos del envejecimiento porque la piel aquí es extremadamente fina y delicada.
Pero no solo es cuestión de piel. Esta solo es la punta del iceberg, porque el paso de los años afecta también a la grasa, al músculo y a los huesos.
Cuando somos jóvenes, los ojos tienen un contorno definido, están más abiertos y derrochan frescura. A partir de los 30, la cosa va cambiando: Las patas de gallo, sobre todo si somos risueñas, ganan persistencia. Bajo los ojos, ya apuntan maneras las bolsas y las ojeras, anunciando lo que está por venir. Después, todo va a más: mayor flacidez, ojos más hundidos y párpado superior en caída libre.
¿El resultado? Una mirada de aspecto cansado y una expresión más apagada.
¿Qué les pasa a mis ojos?
Son los primeros ‘delatores oficiales’ del envejecimiento. Además de lo que se refleja en la piel, hay un detalle más sutil, que pasa desapercibido al principio pero tiene un gran impacto en nuestro semblante: las cejas empiezan a descender.
Esto sucede porque los músculos que las sostienen van perdiendo fuerza, y ese ligero bajón puede alterar toda la expresión, dándole un aire más cansado o hasta un poquito triste.
Luego están los párpados superiores, que se vuelven más flojos y pierden elasticidad, creando pliegues que reducen la apertura del ojo y modifican la forma de la mirada.
Para rematar, la grasa que rellena la zona también disminuye. Como resultado, los ojos se ven más hundidos y las ojeras se hacen más evidentes, difíciles de ignorar.
Pero hay más: ¿sabías que los huesos alrededor de los ojos también cambian?
A partir de los 45 empiezan a reabsorberse, y este cambio estructural tiene un impacto enorme. Las órbitas se agrandan, la piel pierde soporte y el efecto de ojos hundidos se acentúa aún más.
Y la chispa se va apagando…
Además de todos esos cambios físicos, hay un ‘algo’ más imperceptible que va desapareciendo: el brillo natural de la mirada. No es solo la biología, también la vida: la acumulación de fatiga, las preocupaciones y los años también se nos cuelan ahí, restando vitalidad a los ojos.
Estos cambios pueden sentirse como una pérdida. Pero, una vez entendidos y asumidos, podemos interiorizarlos con cierta indulgencia.
Dicho esto, la buena noticia es que hay formas de revitalizar nuestra mirada y devolverle algo de esa chispa que creíamos haber perdido. Y aquí es donde el maquillaje entra en juego como un aliado poderoso.
¿Cómo levantar la mirada a los 50?
No me canso de repetirlo: es el momento de descubrir (o redescubrir) el poder transformador del maquillaje.
Es capaz de corregir lo que nos incomoda, realzar la expresión y, en el caso de los ojos, devolver frescura a la mirada.
Prueba estas pequeñas argucias, porque funcionan:
1. Levanta visualmente las cejas
Usa un lápiz o sombra para cejas en un tono similar al del pelo y redefine la forma suavemente, prestando atención al arco y levantando el extremo para crear un efecto lifting inmediato.
Si aplicas un poco de iluminador bajo el arco de la ceja, consigues abrir la mirada y dar luz al rostro.
2. Sube los párpados caídos
Opta por sombras en tonos neutros o claros en el párpado móvil para ampliar ópticamente la zona.
Evita los delineados gruesos, ya que pueden reducir visualmente el ojo.
En su lugar, realiza un delineado fino y ascendente en los extremos.
3. Minimiza las ojeras y disimula las bolsas
Usa un corrector líquido con buena cobertura pero de textura ligera para evitar que se acumule en las líneas de expresión.
Aplícalo en forma de triángulo invertido bajo los ojos y difumínalo bien.
Importante: acertar con el tono para evitar el temido efecto parche (la web de Saigu cuenta con un test que te ayuda a elegir el más adecuado).
Para desviar la atención de las zonas más oscuras y aportar luminosidad instantánea, añade un toque de iluminador en tono champán en el lagrimal (favorece a todas).
4. Abre tu mirada
La máscara de pestañas es un must a partir de los 50.
Elige una que alargue, levante y curve, como Click & Long, de Saigu: modulable, respetuosa con los ojos sensibles y de larga duración.
Concéntrate en las pestañas del centro y del extremo exterior del ojo para un efecto más despierto.
5. Agranda los ojos
Es el momento de dejar atrás los delineados negros intensos de cuando eras joven.
En su lugar, opta por tonos grises o marrones, que aportan definición sin endurecer la mirada.
Para un efecto más descansado, aplica un delineador claro (beige o blanco) en la línea de agua: un toque sutil pero poderoso.
Los nuevos lápices de ojos de Saigu te facilitarán la tarea.
Para contrarrestar los ojos hundidos, elige sombras en tonos tierra, bronces o dorados suaves, con acabado mate o ligeramente satinado para dar calidez y luz a la mirada.
En definitiva…
La próxima vez que te mires al espejo y sientas que tu mirada ha cambiado, recuerda que tienes en tus manos las herramientas para alegrarla.
Y aunque la verdadera chispa viene de dentro, no está de más encender un poco la mecha por fuera.✨
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